La fuerza del individuo

Precisamente ahora que nos están vendiendo el trabajo en equipo es cuando se evidencia el valor del individuo como tal. La prueba son los líderes cuya labor organizativa difícilmente pueden compartir o delegar. Es un trabajo individual donde las capacidades de este son esenciales para los demás.

Otro campo, el de la creatividad, también ha sido invadido por esta manía del trabajo en equipo. Casi todos hemos oído hablar del “brainstorming”, una fórmula, según la cual, los individuos van aportando sus ocurrencias y seleccionando las más acordes con lo deseado. Es un método muy habitual en publicidad, pero realmente está demostrado que, en la mayoría de los casos, dos individuos llevan la mayoría de la creación, uno que arranca las ideas preferidas del líder y el líder que las selecciona en primer lugar. Al final un tercero que también puede ser uno de los anteriores, termina de dar forma al proyecto en solitario, delegando o no funciones, pero, en definitiva, demostrando el valor del individuo por encima del grupo.

En general, las empresas de hoy día, buscan la opción del trabajo en equipo para coordinar una maquinaria burocrática que se les va de las manos. Desgraciadamente deben darle una concepción preeminente, ya sea del tipo técnico o del comercial. Está clarísimo que, conocidas las ideas de los directivos de hoy en día, esa concepción es totalmente comercial y, como resultado, se monta una burocracia sobre otra burocracia y donde la hipocresía es la herramienta de comunicación y el lenguaje es ese que ya conocemos, tan lleno de metáforas, eufemismos y tecnicismos que realmente no contienen casi información. De esta forma, las empresas de hoy en día venden aire al precio de oro, procuran vender lo más caro posible, el producto con un valor de producción más bajo posible y pagando a sus empleados el mínimo posible. Para la empresa sólo el alto ejecutivo tiene valor, sin aportar nada real al cliente él se hace acreedor de unas nóminas astronómicas, difícilmente justificables, gane o pierda la empresa, por lo que hay otra figura, el accionista, al que también debe o engañársele o hacerle cómplice de esa amoralidad.

El trabajo en grupo significa una preocupación más para el individuo trabajador que además de preocuparse de sus tareas pasa a tener que preocuparse de la de sus compañeros y de las tareas de comunicación y, con este esfuerzo extra, pierde de vista la imagen global de su tarea y de la empresa para la que opera. En este ámbito se venden hábilmente ideas como la de trabajar más horas y dedicar todo el tiempo a la empresa. El trabajo en grupo termina por ser una competencia descarnada entre lo políticamente correcto y la trabanqueta brutal.

–Señor Martínez la productividad de su departamento es muy baja.

–Señores Pérez y Gómez sus departamentos están debilitando las sinergias del conjunto de la empresa.

–Señor García, asertividad, asertividad y déjese de romances y chirigotas.

–Señores, tenemos que regular el absentismo laboral que nos hace perder millones cada año.

En cada uno de estos mensajes se oculta otro que no se puede decir directamente. Cuando a Martínez le dicen que la productividad de su departamento es baja, le están diciendo que se deshaga de los empleado de más edad y para ello debe usar los métodos que convenga, el mobbing está servido. Pérez y Gómez reciben su tirón de orejas porque están picados el uno con el otro, mientras a García le están diciendo que no piense, que haga lo que le dicen desde arriba, que lo que su departamento hace no es importante, lo importante es lo que dicen los directivos. Y ya, la última frase, la favorita de los directivos y empresarios en general: los empleados no trabajan, no se ponen enfermos huyen de sus responsabilidades, según ellos, todo trabajador debería morir por la empresa, su vida privada, su ser, el individuo, no tiene valor, sólo la empresa. Los directivos nunca se plantean las razones de ese absentismo, es más, jamás se plantean que ellos son los únicos y verdaderos responsables de cualquier mal funcionamiento de la empresa… y si se lo plantean lo ocultan muy bien.

Se imaginan ahora que, de repente, todos los empleados de una empresa determinada empezaran a pensar por sí mismos, sin la influencia de nada ni nadie y menos aún de la empresa o de sus secuaces los sindicatos… Obviamente no actuarían a un tiempo, pero llegarían, mayoritariamente, a las mismas y sorprendentes conclusiones y, los falsos líderes, estarían en peligro.

Sí señores, los sindicatos, a pesar de que sus miembros de base están convencidos de lo contrario, son una herramienta de la empresa. Cada cuatro años se les vota y los cuatro años que siguen son iguales. Arrastran a los trabajadores a huelgas que, al final, no representan una mejora para los trabajadores, se pelean continuamente entre ellos y, sólo de vez en cuando, aportan algo al conjunto de individuos a los que teóricamente representan.

Para unos y otros el individuo no cuenta y ya no hablemos de los partidos políticos y de las instituciones. A menudo se quejan del elevado índice de abstención, pero nunca se plantean de, hasta que punto, el abstencionista piensa que todo aquello no va con él, del insignificante valor de su voto, porque gane quien gane, el que lo haga seguirá ignorando su valor como individuo.

Dos personas no pueden pensar de la misma manera siempre que piensen de verdad. Si dos personas piensan de la misma forma quiere decir que o bien una se está dejando llevar por los pensamientos de la otra o bien ambas lo hacen de una tercera. De ahí se puede extraer que las masas que se dejan arrastrar por un ideal son imbéciles, por tanto la política de banderas, de dogmas, de “slogans”, de grandilocuencias… es una política para imbéciles. Por ello, un país donde se haga así la política medirá su nivel de inteligencia por el abstencionismo y por su individualidad.

Bueno… ocasionalmente el pensamiento de dos personas, independientemente puede coincidir y, además, el diálogo puede llevar a coincidencias, pero cuando se juntan masas, especialmente violentas, su pensamiento sólo puede ser inducido porque la masa es idiota e incapaz de pensar. Para inducir esos pensamientos se debe acudir a los deseos y a una excusa para los más vergonzosos de estos, de ahí que dentro de la masa los actos violentos parezcan naturales.

En un mundo de masas y trabajos en equipo el individuo se disuelve… ¿Se disuelve? ¿Quién inventa las masas? ¿Quién se aprovecha del trabajo en grupo?

Cuando en los informativos vemos individuos representando a grupos, firmando acuerdos, nos damos cuenta de que la masa, el equipo no es más que la base de una pirámide donde dominan individuos que no desean competencias ni injerencias por eso agrupan a los demás impidiendo a los individuos sobresalir del resto de la masa. Si un individuo domina al grupo al margen del líder se establece una batalla virtual entre ellos en que ocasionalmente el nuevo individuo puede usurpar la posición del líder, pero generalmente se le expulsa. En cualquier caso, la relaciones entre individuos son imposibles e prever y tienen infinitas posibilidades de solución, no obstante, los lideres desean tener controlado al resto de su grupo por ello debe reducirlos a equipos o masas, porque en el momento en que se comportan como individuos adquieren un mayor poder sobre él. Así se demuestra que el individuo es más poderoso que el grupo y que la masa. Sin embargo, somos muchos los que hemos recibido cursos sobre la excelencia del trabajo en equipo donde se nos muestra la mayor efectividad de ese tipo de conjunción de esfuerzos, pero la pregunta que nunca se contesta es: ¿a quién beneficia ese trabajo? Desde luego el individuo no se beneficia y sólo ocasionalmente l infraestructura a la que el grupo pertenece, pero quien realmente se beneficia siempre es el líder. De este modo, aunque la infraestructura se desarrolle sin problemas, el líder sabe siempre si ha fallado el trabajo en grupo porque le afecta directamente.

Un grupo de individuos, posiblemente no son capaces de aunar sus esfuerzos en una misma dirección, pero pueden encontrar la manera de apoyarse y no perjudicarse realizando un trabajo más agradable para ellos y efectivo en todas las direcciones. En contraposición, el trabajo en grupo que elimina a los individuos, trabaja en una sola dirección generando un enorme empuje en esa exclusiva dirección, sin embargo, su capacidad de reacción cuando el líder falla es totalmente nula.

El grupo no puede crecer una vez establecido, en cambio, los individuos siguen creciendo con su experiencia y aprendizaje. Mientras el grupo siempre funciona al máximo, el conjunto de individuos siempre puede mejorar, siendo las capacidades de sus individuos su gran valor, pero ese crecimiento puede ser una amenaza para sus líderes que están obligados a crecer en la misma medida o buscar nuevas formas de relación. Seguro que todos hemos escuchado aquel joven que va a buscar un empleo y dice que está en tal curso de tal carrera, los empleadores se muestran encantados con el valor del muchacho, pero cuando este manifiesta que desea acabar la carrera que tiene a medias, algunos de los entrevistadores se cierran repentinamente desaconsejando la contratación. Esa evidente perspectiva de crecimiento individual supone una amenaza para los líderes, el muchacho aún no ha sido asimilado por el grupo y no saben si puede instituirse en líder y hacer peligrar el cargo de su superior.

El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales de las que pudiera enorgullecerse.

Son palabras de Goethe, para el escritor alemán era obvio el valor del individuo. Él ya había sido testigo de cómo la palabra patriotismo había avergonzado a las personas hasta incapacitarlas para obrar como su razón les dictaba. Hoy somos testigos de cómo semejantes mensajes viscerales nos impelen a formar parte de la masa y nos señalan con el dedo cuando intentamos tomar consciencia de nuestro entorno y pensar por nosotros mismos. Tan triunfal es la marcha de este elemento aglutinador de masas que ahora las empresas han inventado el orgullo grupal en la figura del trabajo en equipo. Es un invento de los norteamericanos a finales de los sesenta, pero su efecto es tan demoledoramente eficaz para los ejecutivos empresariales que hoy no hay rincón del mundo donde no se utilice, incluidos los grupos terroristas como Al-Qaeda, ETA o guerrillas como las FARC, recurren a estos eficaces métodos de despersonalización de los individuos, aso sí, combinándolas con las prácticas de desvinculación de la culpa practicadas por las SS de la Alemania nazi.

El mundo da muchas vueltas y los métodos son, cada vez, más eficaces, sin embargo, la orientación es siempre la misma. Nuestra responsabilidad y nuestra lucha es mantener la conciencia individual de nuestros pensamientos y nuestros actos. Ellos, mientras nos tengan juntos nos controlarán y controlarán al mundo, pero si mantenemos nuestra mente abierta y sabemos pensar con independencia, si nos mantenemos unidamente desunidos, salvaremos al mundo. La fuerza del individuo es el mayor temor de los megalómanos que controlan nuestras vidas… ¡démosles una buena dosis!

Recordarlo siempre… la unión hace su fuerza, el pensamiento libre la nuestra.

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