El banco vacío.

-Hoy el banco del parque está vacío por fin.

-¡Calla! Esta mañana se lo llevaron en un furgón de esos de la policía.

-¿Detenido? Pero si era un pobre anciano que no tenía fuerzas para dañar a nadie.

-¡No! De esos no. De los que se llevan los cadáveres. Además, no era tan viejo.

-Pues parecía un anciano y casi no le quedaban dientes.

-La calle envejece mucho. No tendría ni cincuenta.

-También se han llevado su carrito y todas sus cosas.

-No querrán que tenga herederos.

-¡Pobre hombre!

-¡Sí! ¡Pobre hombre!

-¿Desayunamos?…

 

 

Esperaba una carta, un recuerdo, algo que me ayudara a no olvidarte, pero sólo tenía mil caras anónimas pasando a mi lado con un mohín de asco que, dos pasos más adelante, ya me habían olvidado.

Tampoco debía ser tan  importante. Como me iba a llegar una carta tuya sin una dirección a donde enviarla. Quizá por ello miraba a todos cuantos desafiaban a sus tripas mirándome a la cara, buscando tus ojos detrás de los suyos. Pero sólo veía vacios. Vacíos y ascos.

Muy de tarde en tarde algún tarambana me soltaba una palabra soez, un insulto, una definición que acertaba más con su persona que con la mía. Entre la multitud, finalmente se desvanecía. Tan solo una vez la cosa fue a más cuando un grupo de adolescentes, más borrachos que mi alma marchita, se liaron a patadas con mis cosas y alguno de aquellos golpes se perdió entre mis costillas. Afortunadamente la policía acudió deprisa y los sacó de allí. No sé qué sería de ellos, pero a mí me toco engañar a los urbanos que pretendían llevarme al albergue.

No todo es malo, también hay algún alma caritativa que te da algo de ropa, un bocadillo e incluso algunas monedillas para mi eterno tetrabrik de vinillo que, mezclado con agua de la fuente, le da un poco de alegría a la vida.

Aún sigo esperando tu carta. Esa que nunca escribiste… que nunca escribirás porque no me conoces. Además, ya no sé si sé leer, pero aún puedo soñar. De hecho, los sueños son lo único que no me ha abandonado desde que perdí la chaveta. No sé quién soy, ni por qué estoy así, pero cada vez que sueño te veo a ti. No sé quién eres y sin embargo eres lo único que me hace saber que sigo vivo.

Oscurece y sale mucho vaho de mi boca. La manta parece que no abriga nada. He llenado toda mi ropa de periódicos viejos, pero nada, sigue haciendo frío. Acurrucado en el banco del parque no paro de temblar y, encima, una lluvia fina, casi invisible, está empapándolo todo de humedad. Incluso parece traspasar los plásticos.

Hace un rato vino una pareja mayor, muy bien hablados ellos, a invitarme a su casa, la cena de Nochebuena, pero yo no podía dejar mis cosas abandonadas. Les dije que no. Ellos insistieron y yo les mandé a la mierda. Antes les miré a los ojos, pero tú no estabas.

Vuelvo a soñar. Lo hago bien. No me hace falta siquiera dormir, pero sé que sueño porque te veo a ti con una dulce sonrisa que aplaca todas mis iras, todos mis odios, todos mis tristes ayeres olvidados. Hoy sonríes con más brillo que nunca y tus ojos son más reales que nunca. Estoy a punto de sentirme alegre cuando, de repente, me acuerdo de todo. A pasado media vida y, sin embargo, estas de nuevo en tu lecho de muerte. El niño no nació, pero arrastró tus ovarios fuera en una hemorragia incontenible. Tu cara es pálida, tus ojos se apagan en un adiós y siento como mis labios se pegan a un cuerpo que ha dejado de resistirse a la muerte. Ahora sé la razón de mi olvido, pero ya no me importa porque estas de nuevo conmigo y tu sonrisa está viva. Sé que ahora mis labios no se quebrarán en la locura.

Ya no siento el frío. Ya no siento que me abandonaras. Ya no siento tristeza. Sólo siento el tiempo perdido embutido en esta pérfida nada. Y nada es lo que veo, nada que no seas tú. No siento nada que no seas tú. Hasta mi cuerpo hediondo ha desaparecido. Volveremos a ser felices.

 

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Una respuesta a El banco vacío.

  1. Alia dijo:

    Tienes mucha suerte de ser capaz de ponerte en el lugar de otros, a casi nadie le pasa, si fuera así, seguro que el mundo era un sitio menos sucio.Vemos las cosas tan desde fuera que al final terminan no significando nada, cuando pueden serlo todo.Un abrazo, y gracias por tu escrito que me ha hecho pensar en muchas cosas.

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