Soneto del moribundo (XXVI)

 
 
 
Ahora ni dios ni hombres nos importan
porque no sabemos si dios existe
y los hombres que son seres idiotas
aún en esa creencia persisten.

Del odio dios es la gran excusa,
también es tapadera del rencor,
él es el divino dedo que acusa,
él es quien se olvido del amor.

Y cuando por dios se hace la guerra
y sólo la sangre lava el honor
ya sólo nos queda la horrible espera

que transcurriendo entre el viejo temor
por traspasar esa eterna frontera
nos aferra a ese último dolor.

 

                                                               

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