Calistropo

 
 
Y Calistropo vio el equinoccio
una sonrisa sin dientes marfiles
toda una calva pulida brillaba
pues su nariz cerraba la aldaba
de aquel cráneo vacio y sin pieles
sin pelos ni ojos, sin fin y sin ocio.

Calistropo oreaba espinas
sentado sin piernas
sentado sin prisas
donde el tiempo no pasa
aunque pase deprisa.

Calistropo no quiso agua
para qué la querría
su cráneo hueco guarda un tesoro
como vivo no supo la vida.

Calistropo me mira
con sus cuencas vacías
juega a dar miedo
pero a mí me da risa.

Y junto a la caja del cráneo
gotea una clepsidra
que cuenta la nada
de toda su vida.

 
 
 
 

 

 

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