El goleador

Mi padre me lo decía siempre. “No confíes en lo que tus dos piernas, por si solas, puedan hacer por ti; asegura tu vida con una buena carrera universitaria”. De hecho, empecé a estudiar ciencias económicas, pero cuando, con diecinueve primaveras, la Unión Deportiva me hizo mi primer contrato profesional, perdí el interés por los estudios. A partir de aquel instante mi carrera futbolística fue a más, con más de veinte goles por temporada.

Hace dos temporadas, me fichó mi actual equipo de primera división. Con mis inmejorables estadísticas y mi notable técnica, parecía que me comería el mundo, pero llevo siete partidos sin marcar y el público me está silbando, piden mi cambio al entrenador.

¡Ostras!…  Luismi se ha escapado por la banda y voy a buscar un buen desmarque… ¿Por qué no me pasa ahora?… Otro regate, aprovecharé para hacer la diagonal al revés… ¡No!… me la ha pasado al espacio por mi espalda y se la lleva el defensa…

Ahora el público me grita. No creo que el mister tarde mucho en hacerles caso y me sustituya. Después de esto me dejará en el banquillo toda la temporada. Se acabó mi carrera futbolística.

¡Cielos!… sus centrocampistas andan lentos y le han dejado un balón muy largo a su líbero, voy a ver si llego antes que él… Voy a lograrlo, pero… se tira hacia mí con las dos piernas por delante y no puedo esquivarlo…

–¡Ay!

Me he comido la hierba. Espero que no me haya roto nada. Sólo me falta una lesión ahora.

Ya está Manu, el masajista, conmigo y me anima. No es nada, me dice. Se reanuda el partido conmigo fuera. Me limpian las marcas, que han dejado en mi piel, los tacos del defensa, y pido volver a entrar en el campo.

Faltan quince minutos para acabar el partido, vamos cero a cero y el mister no me ha sustituido, también parece que el público, desde la tarascada anterior, no se ha vuelto a meter conmigo.

Creo que, cuando termine el partido, llamaré a la universidad para volver a matricularme. Siempre se está a tiempo para volver a estudiar, tal vez haya perdido un poco de práctica, pero con buena voluntad…

¡Caramba!… Ramiro ha robado el balón en línea media… a correr… ¿Qué hace?… me lo pasa por en medio de los dos centrales… ¡Allá voy! Noto las botas de ambos defensas sobre mis piernas, pero aguanto el balón porque aún no he entrado en el área. El portero sale y está a punto de echárseme encima. Me ha comido  el espacio que necesito para levantarle, el esférico, por encima, así que con el margen menguante que me queda golpeo ligeramente con el exterior del pie. Sobrepaso al portero… da en el poste y… ¡¡¡Gol!!!

Todos me abrazan y el público corea mi nombre. Creo que dejaré lo de llamar a la universidad para otro día.

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Una respuesta a El goleador

  1. diego dijo:

    Te dejo el telefono de la facultad de mi ciudad, aunque si de verdad quieres trabajo, elige ciencias. Ni letras, ni deporte, ni pepinillos, ni económicas, ni ostias en vinagre. Ciencias. Si no que te lo diga Vicente.
     
    Un abrazo.
    Diego Nieto Velasco
     

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