¡Pikachu!¡Te elijo a ti!

Cuando estoy algo agotado del mundo, cuando no puedo más con mi alma, me oculto en ese último reducto espiritual dónde entrar en comunión con mi esencia y la esencia del mundo. Ese lugar es mi gran orgullo: mi biblioteca (el “mi” es más bien el nuestro, pero para el caso ya está bien).

Mi biblioteca es el lugar perfecto para dejar que las horas duerman. Allí reposan los libros de mi vida, los cuentos de mi infancia, las novelas que me hicieron soñar y todo un mar de libros técnicos que, en más de una ocasión, me han sacado de un apuro.

Tampoco podía ubicarlo en otro lugar, pero, sin duda, aquel era el mejor para instalar mi primer ordenador. Hoy ya son tres en red y conectados por banda ancha a Internet. De cualquier manera, no son ellos la estrella, pues yo sigo disfrutando con el tacto del papel en las yemas de mis dedos.

Es la biblioteca de mi casa su centro neurálgico. Los libros son sus células de vida que reposan, en ocasiones mal apilados, en las estanterías. Miles de papelitos marcan puntos entre las páginas. Son el reducto de consultas antiguas, de buenas ideas que esperan recuperar su camino. Muchas novelas también lucen esas banderolas y es que pocas veces las leo de un tirón. Por lo general, todos los libros se empiezan y se leen poco a poco, en función del humor de su lector. Caótica costumbre que me permite tener empezados más de veinte libros. Este, casi vicio, hace tiempo, me impedía acabar los libros que empezaba, pero hoy los termino a la velocidad en que realmente leo. En noviembre solo acabé un libro, tres en diciembre, pero en semana santa acabé siete. Algunos libros han llevado empezados varios años. Un libro es un proyecto a largo plazo, tanto en la lectura como en la escritura. De esta forma puedes perder detalles en el pasado, pero la combinación con otros textos, otras lecturas, pueden enriquecer los matices en el futuro. La anarquía también exige su tributo y, en ocasiones, me veo obligado a abandonar algunas lecturas, como algunos escritos, que no pueden superar el listón de lo esperado… ¿tiempo perdido?… más tiempo hubiera podido perder de proseguir con aquello que no me satisface y nada me aporta.

Mi biblioteca es un lugar de culto. En ella pasamos las horas toda la familia. En el suelo viven desparramados los juguetes de mi hijo. En las mesas, el sobremesa antiguo se debate entre las manos de mi esposa y en el nuevo, la imagen de una red privada me entrega un extraño cursillo. Y entre tanto, los libros entran y salen de las estanterías acompañados de nuestras manos, pero con una vida propia.

Sólo encuentro a faltar, una luz tenue y un sillón de orejas donde reposar, con un tomo entre mis manos. Pero no hay sitio para tanto y el funcional fluorescente del techo cumple a la perfección con la tarea encomendada.

–Papá, ¿si hubiera otro big-bang desaparecería el Universo?

–El big-bang fue el origen…

–¡Papá!… no te he preguntado eso.

–¿Dónde se supone que sería ese otro big-bang?

–En el Universo.

–¿No crees que si el big-bang ya fue el origen del Universo no podía existir este antes?

–Pero pudo existir otro y comérselo el big-bang.

–No tenemos constancia… residuos… de ese otro Universo.

–¿Tú no me hablas siempre del Universo muelle?

–Sí, pero ese Universo no es eliminado por el big-bang, sino por el big-crash. El colapso de un Universo previo en un súper-agujero negro que es, a su vez, el origen del huevo cósmico.

–Y eso cómo lo demuestras.

–De momento no se puede. Hoy por hoy sólo conocemos la historia del Universo desde una millonésima de segundo después de la gran explosión. Lo que existía antes, el balón, la pelota, el huevo cósmico, es una teoría sin evidencias suficientes y, por tanto, todo lo que se imagine antes es posible mientras encaje con el después.

–Así, si hubiera otro big-bang… ¿destruiría el Universo?

Afortunadamente, esta no es una conversación habitual. Mi hijo prefiere monologar y su tema favorito que es Super Mario. Por suerte, en estos momentos, está leyendo la enciclopedia de los Pokemon, me veo venir una andanada de preguntas, menos mal que este tema si lo domino…

–¡Pikachu! ¡Te elijo a ti!

Y es que en mi biblioteca… en nuestra biblioteca, caben todos los Universos, los reales y los de fantasía. Es el lugar de nuestra casa dónde mora nuestro espíritu y nuestra alegría.

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